Mauricio Delfín: “Es científico: si inviertes en cultura, hay menos violencia”

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Fuente: La República (22/08/2014)
Entrevista de Maritza Espinoza

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Gestor cultural. Director de Culturaperu.org, que organiza el Encuentro Nacional de Cultura.

¿Por qué a la gente le aburre tanto hablar de cultura?
Se me ocurre que es porque no se siente partícipe. Les han enseñado que es algo que hacen los expertos, los artistas, la gente famosa. Pero, en las nuevas concepciones de cultura, todos hacemos cultura.

Sé que no te gusta discutir sobre sus definiciones, pero ¿qué es cultura?
Mucha gente está trabajando en base a una definición según la cual cultura es lo que hacemos todos los días, lo que puede hacer todo el mundo desde el barrio, desde su comunidad, desde sus intereses, desde sus pasiones.

Pero siempre ha primado el concepto de que cultura solo es ballet, ópera…
Justo en los ejes del Encuentro mencionábamos que quien ha definido las políticas culturales históricamente, y no solo aquí, es una élite social, cultural, que habla un idioma en particular.

¿No sería más fácil buscarse otro nombre para cultura?
No sé si sería más fácil. Sucede, y es muy interesante, que la gente se siente aburrida cuando uno habla de la cultura de esa manera, pero cuando uno le pregunta a alguien: ¿de dónde vienes? Te dice: de mi pueblo tal. Y lo primero que hace es hablar de su cultura.

¿La que le es más cercana?
Sí. Ahí ves el tema de la gastronomía, las fiestas tradicionales y esas cosas que tienen que ver con el día a día. No se nota, pero lo más cercano a la gente es la cultura. Y te lo dicen y lo sienten.

La frase atribuida a Goering –“Cuando escucho la palabra cultura, saco mi pistola”– muestra a la cultura como un peligro. ¿Nuestros gobiernos la ven así?
Depende. Porque, por ejemplo, la consulta previa es un tema eminentemente cultural que genera preocupación, porque muestra diferentes formas de entender cómo se toma una decisión. Y eso genera un dolor de cabeza a muchos gobernantes.

Tú has puesto como ejemplo de la ausencia de consulta previa al monumento al Cristo del Pacífico…
Claro. Lo que más sorprende de ese ejemplo es que se expresó como un regalo que se hacía a la gente, lo que, además, te hace recordar lo que la cultura termina siendo para muchos gobernantes: lo que nos van a dar.

¿Eso es lo que cuestionabas?
La crítica era a una cuestión que se hace sin consulta. Básicamente, que había un montón de autoridades que tuvieron que ver con esta escultura y no dijeron nada, y que, al final, lo mostraron como un regalo sorpresa, como si tuviéramos que estar agradecidos por algo que no habíamos pedido.

Muchos dicen que la televisión refleja el nivel cultural de un país. ¿Es así?
Yo no creo que sea un reflejo de la cultura de las personas. Es un reflejo de cómo un espacio de difusión, influido por leyes del mercado, termina emitiendo contenidos, a veces, de muy baja calidad.

¿Y la televisión debe transmitir cultura, como dicen muchos?
Sería genial. Lo que pasa es que también, obviamente, uno puede pedirles a los dueños de las televisoras que ejerzan una responsabilidad social y que sean coherentes con eso –creo que algunos de ellos lo hacen–, pero tiene sus límites. Quien tiene un canal y quiere mantenerlo tiene que tomar decisiones y funcionar por el rating. Si bien es un bien público, curiosamente también es un negocio para muchos.

¿Cuál es tu expresión cultural favorita?
En este momento, la moda (risas). Por mi esposa, que se dedica a eso. Últimamente he aprendido mucho, y no por cómo me visto ni nada, sino por la moda como un espacio para pensar en la sociedad, que es interesante.

Pensé que ibas a decir la pintura, por tu padre (el escultor Víctor Delfín).
Bueno, sí, me encanta también. Me encantan todas, en realidad.

¿Y cómo nació tu interés por el tema cultural? ¿Por tu padre?
Por supuesto, es innegable. He tenido el privilegio de estar rodeado de arte, de estar rodeado de cultura y rodeado de un afán de una lucha democrática en general. Yo te diría que, en realidad, lo que hago tiene que ver con mi padre, por el asunto democrático, pero también con mi madre.

¿Por qué?
Mi madre es una educadora, experta en la generación de gobiernos universitarios, que deben ser gobiernos participativos. La idea de esta lucha por lograr una mayor democratización es una cuestión que afortunadamente tengo de los dos lados.

Van, con este, cuatro encuentros. ¿Qué ha salido de concreto hasta hoy?
Ha habido una especie de construcción de relaciones. Creo que ha habido un mayor acercamiento con instituciones públicas. Se están generando espacios para dialogar sobre los proyectos que se están haciendo. Es un proceso de largo aliento, tiene muchísimas aristas, porque muchos de los resultados de los encuentros van más allá del programa mismo.

Tal vez la indiferencia de la gente frente a la cultura tiene que ver con que no ven utilidad para ellos. ¿Qué decirles sobre eso?
Que la cultura les sirve para tener más salud, más seguridad y menos pobreza. Así de simple. Y es científico: si inviertes en cultura, hay menos violencia. En cualquier lugar.

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LA FICHA

Desde niño viví rodeado de arte. Hace unos diez años, hacía videoarte, una de las artes más difíciles de financiar. Fue entonces que me interesé en la gestión cultural. Mi trabajo actual combina la investigación en tecnologías de la información y comunicación, y asuntos vinculados a las políticas culturales en América Latina. Soy fundador y director de Culturaperu.org, que organiza anualmente el Encuentro Nacional de Cultura. Justamente, la cuarta edición del encuentro se clausura hoy en el Museo Metropolitano de Lima.

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